El cuaderno de Maya

Isabel Allende se desmarca de sus otras obras en este último libro, con triple salto mortal, salta a una veintañera real, de hueso y poca carne, de buen corazón y mala vida. Tan real que hace daño, porque te gustaría que nunca pasaran cosas como las que cuenta pero que sabes que pasan porque conociste a gente así; tiene toquecitos de realismo mágico por aquí y por allá, pero son casi como para que la protagonista haga más dulce la realidad.
Hablar de una obra madura es llamar inmaduras a las demás, así que es pongamos que es definir un camino que se ha paseado por las autopistas a Ítaca de la autora, porque a partir de aquí no hay mucha vuelta atrás. La realidad puede ser cruda y mágica a la vez. Maya lo sabe.
La sinopsis resume bien el libro:  Soy Maya Vidal, diecinueve años, sexo femenino, soltera, sin un enamorado, por falta de oportunidades y no por quisquillosa, nacida en Berkeley, California, pasaporte estadounidense, temporalmente refugiada en una isla al sur del mundo. Me pusieron Maya porque a mi Nini le atrae la India y a mis padres no se les ocurrió otro nombre, aunque tuvieron nueve meses para pensarlo. En hindi, maya significa “hechizo, ilusión, sueño”, nada que ver con mi carácter. Atila me calzaría mejor, porque donde pongo el pie no sale más pasto. Mi historia comienza en Chile con mi abuela, mi Nini, mucho antes de que yo naciera, porque si ella no hubiera emigrado, no se habría enamorado de mi Popo ni se habría instalado en California, mi padre no habría conocido a mi madre y yo no sería yo, sino una joven chilena muy diferente.